Existir. Crecer.
Aprender. Caer. Vivir. Morir. ¿En eso se reduce nuestra vida? ¿Vivimos para
sufrir? ¿Para morir un día que ni siquiera conocemos? Pues parece que
desgraciadamente así es. Vivimos una vida dura en la que nos enfrentamos a mil
dificultades que tienen como resultado acabar muriendo. Todo muere. Todo tiene
su fin. Todo es finito.
Y yo me pregunto
¿de qué sirve vivir? ¿Qué finalidad tiene? ¿Acaso es una prueba para que cuando
muramos acabemos en el verdadero paraíso? ¿Para que acabemos en la verdadera
vida? Si fuese así entonces lo entendería. Entendería el dolor. El sufrimiento,
la tristeza, la desdicha y las miles de desgracias que llenan el mundo. Pero ¿y
sino es así? ¿Entonces qué?
Si realmente fuese
de esta última manera nada tendría sentido. No importa lo buena persona que
seas porque después te encontrarías en la misma situación que otra persona que
ha cometido los actos más ruïnes. Sería injusto. Pero visto lo visto ¿acaso
algo lo es?
Me he planteado la
posibilidad de haber vivido otra vida. De haber sido otra persona. Una persona
cruel y sin escrúpulos que sólo se alimentaba del dolor de los demás. Porque no
tengo otra manera de explicar todo lo que ocurre a mi alrededor.
"Haz el bien y
no mires a quién" decía mi bisabuelo. Ese mensaje ha ido pasando de padre
a hijo y mi también ha llegado hasta mí. Aunque incluso antes de que mi padre
me lo transmitiera yo ya había pensado en ello. Pero ¿de qué me sirve? Si da
igual a quien ayudes o lo buena persona que intentes ser, nadie te lo
agradecerá jamás y sólo te recordarán por tus defectos. Pero nosotros no
tenemos la culpa. Es lo que somos y no lo podemos cambiar. Dichosa naturaleza
humana.

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